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Seve Ballesteros: precursor, visionario e innovador

Ahora que el deporte español está de moda, tanto individual como colectivamente, y es alabado en todo el panorama internacional, es momento de acordarse de los pioneros que abrieron los caminos. Uno de ellos fue Severiano Ballesteros "Seve" (Pedreña 1957-Ibídem 2011), cuya influencia en el golf y en el deporte español se recordará siempre.
Antonio Corbalán Alfocea
Capital Humano, N.º 259, Octubre 2011, Editorial WOLTERS KLUWER ESPAÑA

Etiquetas: Gestión del talento

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Innovador es aquel que modifica o cambia algo introduciendo características nuevas. Esta es la mejor definición de Severiano Ballesteros, el mejor golfista europeo de todos los tiempos. Con 87 títulos, Seve rompió con el status quo del golf, impulsó una nueva forma de jugar y popularizó un deporte "exclusivo" hasta convertirlo en uno de los más practicados en España.

Contra la universalidad de la teoría de Darwin, aparece la generación espontánea que, aunque rechazada científicamente, nos sirve para entender que la evolución no es lineal y que de vez en cuando aparece alguien que, como el primer pez, se atrevió a salir del agua. Esos peldaños evolutivos no están fuera de su manto pero sí marcan de una forma más evidente cambios cualitativos.

Para los que conocemos el deporte, uno de peldaños que surgen en la pendientefue Severiano Ballesteros. Él fue un primer pez que se atrevió a respirar o aquel otro, que una vez fuera, quiso volar. En aquellos tiempos en los que España se movía en la tragedia de la postguerra, en los que nuestro territorio estaba vedado a todo aire fresco venido de fuera, nadie sabe por qué un niño encontró en la playa de Somo, en Cantabria, un inexplorado camino hacia la gloria. Un camino que, hasta entonces, sólo estaba permitido para británicos y sus herederos americanos del norte, se convirtió en la casa habitual de un chaval que exploró más allá de la bahía de Santander.

ROMPER CON LO ESTABLECIDO

Con 19 años se plantó allá donde otros osados fueron sin éxito. Fue segundo en el Open Británico de 1976, desafiando ni más ni menos que al mejor golfista de la historia, Jack Nicklaus, y al ganador de esa edición, Johnny Miller. Su rostro curtido por el viento del mar Cantábrico, su sonrisa amplia, su negro pelo meridional, su aspecto atlético le homologaba con las mejores imágenes de un físico de actor de cine, que siempre venía de fuera. Pero detrás de esa apariencia armónica se estaba despertando un auténtico monstruo. Un animal hecho para ganar, con vocación de invencible. Un titán de la gestión de uno mismo. De la ambición en la pretensión de llegar más allá. Del compromiso con su forma de entender la vida y el golf que le condujo hasta la testarudez para ganar en 1979 el Open Británico, el primero de sus cinco ‘grandes (Dos Masters de Augusta y Tres Open Británico).

Un líder atípico, como su existencia. Alguien para quien cualquier cosa empieza en uno mismo y en su compromiso con los seres más cercanos. Del uno al todo. Eso es lo que es la heterodoxia. Libertad para que un sueño particular se haga universal, libertad para no esclavizarse por lo políticamente correcto. Esa autenticidad hacía que su liderazgo, su figura y su mensaje fueran todavía más poderosos, sobre todo en el Reino Unido donde se convirtió en toda una leyenda. "Severiano Ballesteros era todo lo que los ingleses no son: apasionado, sentimental, descarado, a veces irracional, atrevidamente competitivo y, cuando jugaba al golf, no se guardaba nada. Era la mismísima antítesis del héroe inglés tradicional. Tal vez fuera porque era tan distinto a ellos, como si el país se hubiera despertado una mañana y hubiese descubierto en su jardín una exótica mariposa de maravillosos colores, una criatura que nadie había visto nunca. Con su creativa y mágica forma de jugar, Seve desafiaba todo aquello en lo que creían los ingleses. No era uno de nosotros, por eso le queríamos tanto". Así lo definía, David Walshes redactor jefe de Deportes del Sunday Times.

La creatividad se hizo compañera de viaje y se alió con él. Aquello que otros no se atrevieron a ver él lo vio, lo que otros no supieron hacer él lo hizo. Porque por encima de las muchas cualidades y defectos de las grandes personas, Seve tenía algunas que cuando confluyen lo hacen en la rareza del primer ser de una nueva especie. Era un innovador que no ponía límites a sus desafíos: en su primera victoria en el Open Británico, Seve contravino las "normas sagradas" del santuario del Golf del Royal Lythman& St. Annes, al jugar los últimos seis hoyos del recorrido de una forma que nadie nunca había intuido. Desde aquel entonces, ese modelo pasó a formar parte de la historia de ese campo, inmortalizado con la denominación "TheSeveWay".

Desde la valentía vivió un mundo inexplorado, ante un inhóspito portal que finalmente cruzó. Volvió de aquel más allá y haciéndolo suyo lo ofreció a los que ya se atrevieron a seguir sus pasos. No se puede olvidar en estas líneas a José María Olazábal, quien desde otro rincón del paraíso que es el campo de Jaizquibel, se convirtió en su paje primero, en su aliado después, para juntos hacerse santo y seña de lo que todavía era una rareza. Españoles que paseaban una forma distinta de hacer las cosas en un deporte que nunca nos perteneció.

GESTOR DE TALENTO

Si en Seve se puede encontrar un explorador, no creo que podamos ver un maestro al uso. Pero sí, creo, que podíamos encontrar un facilitador del talento de los demás por su desfachatez para liberar lo que se es. Un gestor de uno mismo que construye su identidad abriendo el camino para que otros lo transiten. Severiano fue un pionero desde su forma especial de entender las cosas. Desafió el aplastante dominio de EEUU en el golf mundial y demostró a todos los jugadores europeos que podían plantarles cara. Fue el primer jugador europeo en ganar el Master de Augusta (el torneo más prestigioso del mundo del golf), marcando una senda de éxito que seguirían Bernhard Langer, Sandy Lyle, Nick Faldo, Ian Woosman y José María Olazábal. Igualmente, consolidó el Circuito Europeo.

Una forma especial de "pedagogía de la liberación" del talento de cada uno. Sin complejos, sin límites impuestos por otros. Esta capacidad la demostró convirtiendo la Ryder Cup (una competición moribunda por el dominio de EE.UU.) en el trofeo por equipos más apasionante y prestigioso del mundo. Fue una cruzada personal. Seve marcó el camino para que los europeos derrotaran a EEUU. "Seve encendió la mecha en 1983. Para 1985 ya sabíamos que podíamos hacerlo, que podíamos ganar la Ryder", recordaba Nick Faldo, miembro del equipo europeo. Y así fue.

Fue el padre de la lucha de llevar la competición a España (por primera vez la Ryder Cup se disputaba en Europa fuera de las islas británicas). Ballesteros lo consiguió y en 1997, en Valderrama, se celebró lo que muchos han llamado la Ryderde Seve. El impacto fue enorme y el éxito descomunal, culminado con su capitanía del equipo europeo y el triunfo del mismo sobre EE.UU. Al mismo tiempo, Seve ponía una piedra más en la construcción de un golf español que llegaría a todos los estratos sociales abandonando su esencia elitista. Además, sin él hubiera sido difícil entender la aparición de jugadores como José María Olazábal o Sergio García.

También, destacó como estimulador de capacidades. Muchos jugadores han declarado que sus palabras y consejos fueron importantísimas para ellos en sus primeros años de profesionales. Rory McIilroy, el jovencísimo ganador del último US Open y llamado a ser el futuro número uno del golf, recordaba cómo después de sus triunfos en los últimos dos años, "Seve me envió unas cartas de felicitación muy alentadoras. Fue muy especial que se fijara en mí y me escribiera varias veces. Todo el mundo sabía que era muy competitivo en el campo, pero a la vez era muy generoso aconsejando a la gente".

CAPACIDAD DE EJECUCIÓN

En el mundo de la gestión, de la empresa, como en el deporte, la toma de decisiones forma parte de un día a día en el que se mata o se muere. La decisión del valiente te da la gloria, la del irresponsable te hunde junto a tus sueños. Esas decisiones no estaban basadas, como tantas veces, en el mundo del capricho de la jerarquía, sino en el de la sabiduría y el dominio técnico más absoluto. Una técnica sin límites basada en la propia experiencia en las situaciones más dispares. Los golpes más inverosímiles, la creatividad de imaginarlos, la valentía de hacerlos. Todo ello salió de la heterodoxia que siempre mueve el progreso.

Pero si hubo algo que destacó en la figura de Ballesteros fue su faceta de guerrero. Su coraje, su forma de entender la vida deportiva como si su propia vida fuera en ella. Para eso hay que ser de una pasta especial. No mejor ni peor, pero sí especial. Una persona normal imbuida en esa forma de entender algo puede caer en la locura, pero Seve no era, en eso, una persona normal. Era un tocado por los dioses para no entregarse a nada. Puede que la palabra coraje se adapte a la cualidad de la que estamos hablando, pero a mí me gustaría ligarla a la capacidad ejecutiva. A esa habilidad que lleva el mundo de las ideas al mundo de las cosas, de lo tangible. Un guerrero que obedecía sus propias órdenes con una voluntad férrea y única: la fe en sí mismo.

EL VÉRTICE DEL ROMBO

Los equipos en los que nos movemos, en la actualidad, en nada se parecen a equipos convencionales. Ahora los equipos no actúan juntos, sino que se agrupan en mínimas unidades lo más ágiles posibles para dar respuestas a necesidades cada vez más complejas, como la sociedad en la que vivimos. El gran elemento de reflexión no es el grupo, es el individuo. Cómo crear actitudes en personas que, actuando solas, puedan generar orgullo de pertenencia, pero ahora sin contacto directo con aquellos que forman equipos atípicos y deslocalizados. Un gran equipo se intuye desde lo individual, se construye desde lo colectivo y se expresa nuevamente desde cada uno. Un rombo que nace y muere en el individuo como elemento que añade valor al equipo y que se alimenta de él.

Seve hubiera sido un gran elemento de los que hablamos. Lo fue. Su equipo fue su tierra, su familia, su club y de la misma manera que soñó supo trabajar para estar a la altura de los más grandes. Del más grande, como lo fue durante tantos años. Seve tenía el orgullo bien entendido de los seres indomables, que ven más allá, que hacen más allá, que se esfuerzan y consiguen más allá que los demás. Y en eso consiste vivir.

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